SEGUNDA PARTE: un resumen muy sintético de las dos grandes teorías sobre el problema del valor. (VER CUADRO)
Para comprender por qué sucede esto, debemos exponer muy brevemente los dos grandes bloques antagónicos existentes en la economía política, advirtiendo de que uno de ellos, el burgués, tiene dos corrientes internas que no son antagónicas aunque tienen diferencias formales que explican que, según cómo evolucione la situación social en general o en particular, el capitalismo en su conjunto o las diversas burguesías puedan optar por una u otra alternativa, o por diferentes combinaciones de ambas.
El bloque burgués tiene en la TEORIA DEL COSTE DE PRODUCCIÓN (VER CUADRO) su primera baza ideológica fuerte de justificación del sistema capitalista sin analizar en serio, científicamente, la existencia o inexistencia de la explotación. Es la teoría inicial del pensamiento burgués ante la necesidad de racionalizar los efectos de la rápida expansión económica en la segunda mitad del siglo XVIII y sobre todo ante la revolución industrial que avanzaba en Gran Bretaña. Sostiene que las ganancias provienen de que el empresario obtiene un excedente al final del proceso económico, excedente que no es otro que la diferencia entre el precio de la venta última y el precio total de todo lo gastado anteriormente en la producción, máquinas, energías y materias, sueldos a los trabajadores, etc. De aquí se deduce que, al no existir contradicciones de explotación, los problemas aparecen en el reparto y distribución social del excedente. Para solucionarlos, para repartir con más "justicia" el excedente, debe intervenir el Estado democrático vigilado por los partidos y los ciudadanos, que también desarrollan una política evolucionista y reformista de paulatina mejora del reparto, de aumento salarial, etc.
La segunda baza ideológica burguesa, la TEORÍA DE LA PREFERENCIA SUBJETIVA (VER CUADRO), cogió fuerza más de medio siglo después, aunque sobre bases existentes mucho antes. Cogió fuerza por tres razones: una, porque habían cambiando las formas externas del capitalismo y hasta ese momento no se habían cumplido los miedos sobre el futuro que anunciaba la primera baza ideológica y que advertían de que, por su misma naturaleza objetiva, el capitalismo llevaba en sí mismo la crisis interna periódica; dos, porque se había extendido la ideología mecanicista, matematicista y fisicalista en la interpretación del método científico, con una sobrevaloración de su influencia en las ciencias sociales; y tres, porque además de avanzar la organización y lucha de los obreros, también avanzaba la teoría socialista y concretamente su versión marxista, cosas que ponían muy furioso al capitalismo.
La reacción fue retroceder a una ideología subjetiva, individualista e idealista de lo económico, según la cual lo decisivo es la voluntad de consumo racional y consciente del individuo plenamente libre y con dinero. La ganancia proviene así del margen, de la diferencia marginal que resulta entre el costo del producto y lo que ha querido pagar el consumidor individual, capaz de elegir correctamente, seleccionando la mejor relación calidad-precio y no cayendo en las trampas de todo tipo. Para que este sistema funcione hay que dejar que el "ciudadano consumidor" haga lo que estime conveniente, sea "libre" en suma para elegir. El Estado, por tanto, no debe intervenir públicamente, sino sólo facilitar que los negocios individuales evolucionen por sí mismos, sin trabas reguladoras, sin impuestos directos y restrictivos de la capacidad de enriquecimiento de los más aptos y dotados por la naturaleza, sin gastos sociales que favorecen a los vagos y quitan dinero privado al mercado todopoderoso al hacerlo público.
Irreconciliablemente opuesto a estas bazas ideológicas, que se fusionan en la explotación social, el bloque antagónico, la TEORÍA DEL VALOR-TRABAJO (VER CUADRO), se formó gracias a la superación dialéctica de la primera ideología burguesa, la menos reaccionaria y la que más se acercaba a las contradicciones del sistema. No podemos explicar aquí cómo esa superación fue realmente dialéctica, es decir, cogió lo mejor de las ideas económicas pero también políticas, sociales, filosóficas, culturales y científicas de la época hasta construir una teoría nueva en todos los aspectos, cualitativamente diferente a las anteriores. Según esta teoría, la ganancia proviene de la plusvalía, es decir, del hecho de que la fuerza de trabajo del ser humano permite crear más valor que el contenido en las máquinas, materias y energías, etc., necesarias para la producción. La burguesía gana cuando tras pagar todos los costos anteriores incluido el salario obrero, se queda con una cantidad extra, con un beneficio, que no es sino la realización de esa plusvalía. Existe pues una explotación de la clase obrera y del pueblo trabajador por la clase burguesa, clase que se apropia privadamente de la mayor parte del excedente socialmente creado.
No existe ni puede existir nunca, jamás, eso que llaman "salario justo". Todo salario es objetivamente una injusticia impuesta por la fuerza invisible y visible del capitalismo. Salario y explotación son procesos parciales pero inseparables del proceso global del capitalismo y necesarios para su existencia. Dada la naturaleza necesaria de la explotación y del salario siempre injusto, el capitalismo necesita de un instrumento que garantice su continuidad, y ese instrumento en el Estado burgués. No existe Estado neutral sino Estado de clase. Y dado que el capitalismo se asienta siempre sobre la anterior explotación de la mujer, es siempre un Estado patriarco-burgués. Y dado que muchos capitalismos explotan, oprimen y dominan a otras naciones para sangrarlas y expoliarlas, también en estos casos es un Estado nacionalmente opresor.
TERCERA PARTE: un resumen de la línea maestra de la extrema derecha capitalista